Crianza de Robots

Establezcamos la diferencia más grande de este robot con los demás. El que estamos construyendo está vivo. Comenzamos a formarles con los patrones y programas con los que se tiene que desempeñar por el resto de la vida. La clave es comenzar temprano siempre teniendo en mente que la meta es que obedezca a todo lo que se le diga. También es importante que tengamos claro cómo nos vamos a asegurar que se está construyendo de la manera correcta. Pero eso no es difícil.

Como es un aparato que no sabe nada, hay que saber qué es lo que va a necesitar. Si tenemos duda, no hay que preocuparse, los programas con todo lo que el robot debe procesar ya están listos. Existen muchos lugares bastante similares que le van a suministrar esos programas. Cualquier taller de adquisición de datos puede funcionar. Solo tenemos que tener claro qué tanta cantidad de contenido e información queremos que procese. Hay talleres que suministran más y otros menos. Por supuesto, es más caro un lugar donde se le de más información. Y más información vale más ya que están en competición y medición con todos los robots de su taller y los talleres de su país y área del mundo.

También hay que estar claros que estos robots pueden sobrecargarse con información. Cuando esto sucede el robot presenta un error y pareciera que tiene voluntad propia, que se rebela. Pero hay que estar seguros que todo estará bajo control. Todo el sistema está listo para repararlo. Hay técnicos fuera de los horarios de los talleres que se dedican a corregir lo que está mal en el robot. Poco a poco, ese error que pareciera darle voluntad propia al robot, ira cediendo hasta desaparecer. Algunos robots tardarán más tiempo en salir del taller. Pero tampoco es un problema. Los talleres tienen pruebas para asegurarse que todos los robots del mundo, sin importar donde se encuentren, salgan con un programa y contenidos bastante similares. Al final de cuenta eso es lo que queremos. Que los robots se parezcan lo más posible entre ellos, porque entraran a trabajar a lugares que exigen que todos sean iguales y que se dediquen a obedecer órdenes a la perfección.

Solo hay un problema: los lugares donde se suponían que trabajarían han cambiado en los últimos 100 años. Que todos los robots sepan lo mismo ya no es suficiente. Ahora es necesario que los robots puedan ser creativos. Solo hay un problema con esto. Todos los talleres del mundo (la gran mayoría) siguen produciendo robots que piensen igual, que se evalúen igual, que produzcan igual. Hay una enorme contradicción. Y pareciera que nadie se ha dado cuenta que no estamos criando robots, sino personas. Niños que tienen sus derechos, habilidades, personalidades, deseos y fortalezas que los vuelven individuos. Los hacen singulares. Pero esa singularidad es un defecto. Es un error del sistema. O por lo menos lo era.

En Reggio Emillia Kinder respetamos la singularidad de los niños porque sabemos que cada uno tiene un rol que jugar en una sociedad cambiante. El panorama que existe ahora no es el mismo de la revolución industrial. Pero el producto y demandas hacia los niños sigue siendo la misma. Las entidades y compañías que más se han destacado en los últimos 20 años tiene una peculiaridad: valoran y reconocen la creatividad y la habilidad para trabajar en equipo. Ambas habilidades, características, etc. que el sistema actual de educación no promueve ni cultiva.

Puede parecer increíble que un niño tan pequeño puede comenzar a cultivar dichas habilidades o virtudes. En nuestro pre escolar ese es el día a día y el motivo por el cual luchamos por promover esta visión del niño en nuestro país. No es sorpresa que cuando hablamos de este tema ya sea en Usulután o San Salvador la reacción es siempre la misma: así debería ser.

No podemos olvidar que no estamos criando robots, sino personas con habilidades definidas, con fortalezas que tienen que descubrirse y cosecharse. Tenemos una oportunidad valiosa que rinde grandes dividendos en las vidas de las personas al desarrollarse entre las edades 0 a 6 años. Tal vez el lugar adecuado para iniciar es por preguntarnos ¿Qué cosas experimenté en mi infancia, kinder o colegio que me hicieron sentir como un robot? ¿Qué sucedió para que me sintiera como un número más en un salón de clases? Al tener una respuesta honesta, nos podemos hacer el compromiso de tratar de dar a nuestros pequeños las oportunidades que sabemos necesitan. Iniciando con respetar su individualidad.

J.C. Guardado

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