Hay Que Darles su Espacio

Continuamente soy sorprendida por lo creativos e ingeniosos que son los niños pequeños, sobretodo viviendo en un mundo en el que los adultos intervenimos y tratamos de resolverles todo.

Como educadora en Reggio Emilia Kinder, San Salvador, he tenido que aprender a detenerme, esperar y darles a los niños el espacio que necesitan para poder resolver problemas por sí mismos. Esto no es fácil cuando hemos sido criados en una cultura donde constantemente nos dicen que los niños pequeños que son frágiles, incapaces de hacer cosas por ellos mismos y que necesitan protección todo el tiempo.  El hecho de que los niños siempre busquen maneras para poder ser independientes (llámese “riesgo”), a pesar de que la cultura que los rodea,  me deja fascinada.

¿Qué nos enseña este hecho sobre cómo es que los niños trabajan? A través de años de observación y estudio he llegado a la conclusión de que los niños son capaces de resolver problemas por su propia cuenta. Ellos no están buscando un adulto que intervenga en su misión y cuando un adulto lo hace, podemos estar parando un proceso de aprendizaje significativo sin darnos cuenta.

Cada día nos enfrentamos a diferentes problemas que necesitan solución. Imaginemos que cada vez que encontramos un obstáculo otra persona nos dijera qué es lo que tenemos que hacer sin darnos oportunidad de intentar resolverlo. Sería frustrante. Yo creo que esta es la misma sensación que un niño experimenta cuando un adulto interviene antes de tiempo.

He visto que muchos niños intentan resolver problemas de diversas maneras y antes que pedirle ayuda a un adulto la solicitan a sus compañeros.  Somos nosotros los adultos, los maestros, los padres, los que “corremos” para resolverles sus problemas y deberíamos ser su última opción. Los niños están conscientes que nosotros sabemos cómo resolver determinada situación porque somos adultos y tenemos la experiencia. Ellos están en una aventura para descubrir y entender, y por mucho que nos cueste verlos intentar y fracasar, el camino el éxito está lleno de pruebas y errores.

Entonces, ¿Qué es lo que necesita un niño de un adulto cuando ellos intentan solucionar un problema? Necesitan que nosotros les demos un espacio y que nos convirtamos en sus animadores (“cheer-leaders”) – tan sencillo como eso. Alguien que los apoye y anime, alguien que les pueda ayudar a pensar que hay otras opciones que pueden funcionar. La clave es recordar que cada niño tiene un deseo innato de aprender a hacer cosas por sí mismo a través de su propio análisis de la situación. Ellos necesitan adultos que estén dispuestos a proveerles de experiencias donde sean los niños quienes aprendan a hacer las cosas por ellos mismos en un ambiente seguro.

En nuestro kinder tenemos un trampolín gigante que es demasiado alto para que los niños más pequeños puedan subir sin la ayuda de un adulto. En conjunto con nuestro staff decidimos darles su espacio y ver qué sucedería si ellos no tenían quién les ayudar a a subir. Observé con admiración cómo un grupo de niños de 2 años decidieron subirse al trampolín y comenzaron a armar su plan. Tuvieron un pequeña discusión y luego fueron a buscar diferentes juguetes e implementos en el jardín central. Se reunieron en el trampolín y comenzaron a probar sus recursos hasta que encontraron en cuál subirse para alcanzar el trampolín. Luego comenzaron a escalar hasta llegar al trampolín sin ayuda de nadie (a esta altura ya había alguien del staff con ellos en el caso que fuesen solicitados). Me hubiese encantado que ustedes vieran sus rostros. Se habían comunicado, trabajado en equipo, experimentado a través de prueba y error, y finalmente alcanzaron su meta. Todo sin ayuda de un adulto.

No podemos negar que es muy difícil para nosotros los adultos darles a los niños ese espacio y oportunidades para que crezcan y se desarrollen a su propio ritmo. Esto nos hace sentir incómodos porque no somos nosotros quienes tenemos el control y lo que observamos puede no corresponder a lo que nos imaginamos. Debemos estar dispuestos a adaptarnos junto a ellos y presentarles nuevas oportunidades para su crecimiento cuando sea posible. Porque no tiene precio ver la alegría y satisfacción en sus rostros cuando alcanzan un nuevo logro y nos voltean a ver, llenos de orgullo, sabiendo que nosotros somos los mejores animadores (cheer leaders) en su equipo.

 

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